image_pdfimage_print

T_Paz2

La Región Administrativa y de Planeación Especial RAPE Región Central -integrada por Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y el Distrito Capital de Bogotá- es el primer modelo de articulación regional del país. Es “Territorio para la paz”, lo cual quiere decir que no obstante la diversidad de nuestro territorio, trabajamos para superar las diferencias sociales y económicas y para encontrar consensos en beneficio de nuestros habitantes. Abarca el 14 por ciento del territorio nacional, en donde vive el 29 por ciento de la población, es decir, casi 14 millones de habitantes. Es el mercado más grande, concentra el mayor número de creación de empresas y la mayor capacidad exportadora y aporta al PIB nacional el 40%.

Es una región privilegiada, rica en suelos, en biodiversidad y en capital humano. Sus 156.605 kilómetros de área son tierra fértil para sembrar la semilla de la paz. Por eso, desde su creación, en septiembre de 2014, gracias al Acuerdo suscrito por los gobernantes de los territorio socios, la RAPE Región Central decidió apostarle firmemente a la paz declarándose “Territorio para la paz”.
Con el horizonte puesto, desde sus inicios, en un escenario de posconflicto, la RAPE Región Central definió tres líneas de acción: planear estratégicamente el territorio buscando superar las brechas; articular planes y programas que trasciendan las fronteras de sus territorios socios, y focalizar, identificar e impulsar proyectos estratégicos conjuntos. Y estableció cinco ejes estratégicos sobre los cuales trabajaría: Seguridad alimentaria y desarrollo rural; Sustentabilidad ecosistémica y manejo de riesgos; Infraestructura de transporte, logística y servicios públicos; Competitividad y proyección internacional, y Gobernanza y buen gobierno.
Así como en la agenda del gobierno nacional lo rural se constituye en uno de los pilares para la consolidación de la paz, también es un tema prioritario para la Región Central. Contamos, en la RAPE Región Central, con tierras disponibles y productivas para el trabajo de campo, diversidad climática y gente laboriosa y emprendedora. Por eso, nuestras acciones en esta área están orientadas a privilegiar la economía campesina, estimular el trabajo del campo y producir alimentos amigables con el medio ambiente. Estamos convencidos de que, en un escenario de posconflicto, lo rural debe traducirse no solo en la tenencia de la tierra, sino en la generación de condiciones y oportunidades para el desarrollo del campo, la promoción de la agricultura asociativa y familiar y el impulso de la seguridad alimentaria. Coincidimos con el director general de la FAO, José Graziano Da silva, cuando afirma que “no puede existir paz sin seguridad alimentaria, ni seguridad alimentaria sin paz”.
Fundamental para la revitalización del campo colombiano y el de la RAPE Región Central en particular es el fortalecimiento de la infraestructura de transporte. Si el productor campesino no tiene cómo sacar su producto y acceder a los grandes mercados no será posible el desarrollo rural. El mejoramiento de la infraestructura de vías de comunicación es una condición para hacer del campo un sector competitivo que genere empleo. Los programas dirigidos hacia el desarrollo rural deben buscar conservar la biodiversidad y los recursos naturales, hoy fuertemente golpeados por el conflicto armado, con acciones como extracción ilícita de minerales, derrames de petróleo, contaminación o desvío de fuentes hídricas y deforestación.
El 75% de la deforestación en el país está concentrada en municipios de conflicto y el 60% de las fuentes hídricas están potencialmente afectadas por extracción ilícita de minerales y derrames de petróleo, según cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP, 2016). El 30 por ciento del recurso hídrico de Colombia y 15 de los 36 complejos de páramo que hay en el territorio nacional están en la Región Central. Con la mirada puesta en el escenario de posconflicto, los socios de la RAPE Región Central entendieron que una de sus prioridades debería ser promover la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales, no solo impactados por el conflicto, sino por fenómenos como el cambio climático. Según el DNP, por cada año de paz Colombia ahorraría 7,1 billones de degradación ambiental.
Con suelos fértiles, biodiversidad protegida e infraestructura de transporte, la competitividad tendrá un camino más despejado en el “Territorio para la paz”. Y en el engranaje paz-competitividad, sectores como el ecoturismo son fácilmente aprovechables. En la RAPE Región Central la actividad turística es entendida como una estrategia prioritaria de desarrollo regional e inclusión social para la paz, dos mandatos contenidos en la agenda del posconflicto. Una paz sostenible y duradera solo será posible si está acompañada de estabilidad institucional. Y en la construcción y consolidación de la estabilidad institucional de un país y de una región intervienen no solo los tomadores de decisión, sino que esta se fundamenta, también, en la participación de los ciudadanos en las discusiones de políticas públicas y en la capacidad de unos y otros para planear y articular propósitos comunes.
Así, con inclusión, equidad y equilibrio territorial, la RAPE Región Central construye Paz.